Sentimos lástima, sentimos pena, por aquellos que se aprovechan de nosotros. Ponemos la otra mejilla, mientras ellos meten sus manos en nuestros bolsillos. Me hablan de la dignidad de agachar la cabeza, porque las palabras son fáciles de conseguir cuando uno no tiene que estar subsistiendo, en un mundo de televisores gigantes, que muestran egos igualmente desproporcionados.
Quiero libertad y por eso mismo soy un delincuente, haciendo una ficha generalizada de mí: Clase media baja, estudios y atención hospitalaria pública, sin obra social o cuidado externo de ningún tipo. De valores tomados y dados por gente religiosa y programas de televisión. Familia afectiva, pero sin vínculos sentimentales profundos, debido a prácticamente no poder verse y pasar el tiempo suficiente para formarlos. Destinados a la servidumbre moderna, el engaño de consecuencias futuras, a la queja sin acción y al aprendizaje sin experiencia necesaria para tal fin.
Tenía que ser el engranaje mudo formado a mantener la posición, mientras los importantes mantienen equilibrado el mundo. Me dijeron que yo era algo que la Sociedad creó, por mandato económicamente divino. Si alimento el hambre de este Universo mundano con dinero, poder y apariencia, podía vivir de lo más adaptable posible. No hay otra forma de vida Humana, me dijeron. Los vagabundos son animales y nosotros no, porque somos dueños de cosas efímeras. Nos hace personas creernos la ilusión de ellos, de los que antes eran faraones, reyes, emperadores, obispos, generales y ahora emanan la misma fragancia de dominio social impuesto: oligarcas, empresarios, economistas, especuladores, famosos, policías…
Yo solo tomo lo que me pertenece. Yo solo recupero lo que me han sacado y que es mío y del propio bienestar de mi familia. No debo sentir culpa por actuar como ellos. No se sienten mal cuando se aprovechan de nuestra nobleza y nos dicen que todos nuestros síntomas de dolor, se deben a que somos nuestra propia enfermedad.
Creo en tomar sus armas, pero no tomar su orgullo desmedido. Quiero lo que me corresponde por la heredad vivida de todos mis ancestros, porque soy uno de los pocos sobrevivientes en el transcurso de la historia de la Humanidad. Soy tan sobreviviente como cualquiera, y dentro del caos acechante, todos somos iguales de vacíos.
No te creas la persuasión de que sos vos, porque no lo sos. Sos más que eso. Sos la dinamita, sos la explosión, sos la garra afilada, sos la acción instintiva y a la vez pensante. Sos muchas cosas, todas las que quieras hacer, pero de algo estoy seguro: No sos esclavo de nadie.
La vida nos enseñó a no querer ser como ellos, pero sí necesitamos entenderlos a la perfección. Entendiendo el pasado, es como seremos la vanguardia ahora. Estas son más que palabras, esto es la perdición paradisíaca de nuestros sueños. Aquí rozamos la textura cotidiana del lamento humilde. Sentimos la aspereza insatisfactoria de la inercia de nuestra plenitud. Queremos tener de vuelta el control de nuestros seres. Nadie puede decirme lo errado de mis acciones, hasta que no viva en la existencia más desesperanzada. Mis palabras son la inconformidad, que me llevarán cargando hasta la tumba, mucho antes de lo estipulado. Que así sea entonces, porque hay espíritus refractarios en las bellezas de mi estilo.
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