Si todo sale como debería, para fin de año podrán conseguir "El conejo en la galera", ese cuento largo que subía al blog, en un formato más cómodo para leer. Tendrá el agregado de un texto adicional a la historia y seguramente alguna que otra sorpresita narrativa. Crucemos los dedos.
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jueves, 3 de diciembre de 2009
Editando al Conejo
Si todo sale como debería, para fin de año podrán conseguir "El conejo en la galera", ese cuento largo que subía al blog, en un formato más cómodo para leer. Tendrá el agregado de un texto adicional a la historia y seguramente alguna que otra sorpresita narrativa. Crucemos los dedos.
miércoles, 25 de febrero de 2009
El conejo en la galera - 7 -
VII
Mi piel arde. Lo hace y mucho. Siento lo que sentí momentos antes, hace muchos años atrás. Es la piel de otro quien me quema. No me doy cuenta al comienzo, pero lo noto cuando él se retira a su lugar propio. Me siento llena de un fuego que me desprecia y aborrece lo que acabo de hacer. Mi corazón atiborrado de sensaciones me distrae, haciéndome retorcer de dolor. Todo sigue igual, colgado o apoyado en el suelo, mirándome culposamente. Nadie recuerda al viejo ser que era, ni las ideas en desuso dentro de mi cabeza. Soy un espejismo que se muere de agonía dentro de un lecho onírico hirviente. Me ruborizo y permanezco de esa forma eternamente.
No puedo entender la razón de sentir esto de nuevo. Él tiene un nombre y un tiempo diferentes ahora al mio. Me mira desde la humareda de la nada y se ríe para sus adentros. ¿Era tan difícil determinar eso antes de empezar? Podía haber hecho algo mejor si tan solo me lo hubieras pedido. No para demostrar mi femeneidad, sino para hacerte sentir bien. Era mi mayor preocupación. Al meter tus dedos entre mis prendas y al rato en que empezaste a oler a hule, mi cerebro comenzó su irrupción en mis necesidades de darte asilo en mis adentros. Solo quería protegerte a mi modo. Era mi única meta.
Ya que estoy sensiblemente airosa de verdades que siempre quise decir, pero que las responsabilidades no me han permitido que las diga, confesaré una vez más. No me gusta la gente de mi clase. La detesto. Tan abarcada en detalles que a nadie más le importa que a ellos. Si una obviedad es fácil de identificar, requiere que sea cubierta por capas y capas de inentendibles palabras. Es su acomedido tras mostrarse tan abiertamente al mundo. Por eso mismo no les creo y no pienso creerles. Recuerdo cuando pensaba en tener un sitio tranquilo en el cual descansar y ser parte de un conglomerado de ideas muy afín a mi ser. Es real y mucho más triste cuando se comprende que se estará solo para siempre. El desprecio al mismo paraíso hace a uno pensar si en verdad es en esa creencia en la que debe gastar la poca consciencia que uno tiene a lo largo de la vida. O quizás uno puede ser feliz con la idea que dogmatizó y no necesariamente con el grupo de individuos que se sienta al lado de uno en el culto de las vanidades.
martes, 27 de enero de 2009
El conejo en la galera - 6 -
VI
La suavidad del almidón y de las fibras de la tela. Un placer extrañamente adictivo. Como si el mundo me sumergiese en semejante estado de deleite inservible. Recuerdo una imagen mía que tenía de infante. Era como una vista al futuro, comprendida por el pensamiento fantasioso y, digamos, nihilista de una niña de nueve años. O quizás menos. No suelo recordar bien el tiempo. Estaba yo ahí, sentada en la puerta de un edificio. Edificio muy luminoso, debo decir. Era blanco, con una pequeña entrada, que seguía al cubículo del ascensor y el de las escaleras. Estaba sentada cerca de los timbres que brillaban como si de bronce arquetípico se tratase. Brillaban como el Sol en plena noche. Por lo largo de mi cabellera y lo viejo y adorable de mi cuerpo, podríamos decir que tenía unos 18 años. En su momento no pensaba en una edad tan definida, pero el concepto de salvaje maduración siempre venía a mi mente. Como iba diciendo, esta sentada, con las piernas y los brazos cruzados, mirando hacía arriba. No miraba nada en particular; solo pensaba. Miraba en esa dirección para direccionar mis pensamientos. En verdad, no debería hablar de plural. Era un gran pensamiento que tenía en mente. En esa mente crecida y dubitativa. No era real tampoco eso, ya que intentaba recordar mis nueve años. Mi propia imagen "adulta" me imaginaba a mi, en el momento en el que yo la imaginaba a ella. Pura empatía entre diferentes planos. Era sumamente genial. Pero mis rasgos no eran tan geniales. Ni mis prendas que me cubrían. Había un pequeño hilo que ataba a todo mi cuerpo, y ese hilo podría llamarse abandono. No era del tipo terminal, sino un abandono casi poético. Un despojo de mi mismo; de mi ego. Mi cabello era largo. Mis padres siempre tuvieron la obsesión de tener una hija con cabello corto y bien moldeado. Quizás por eso me lo dejé largo. Era una doble intención. Revelarme a mis padres y cumplir con aquella visión. Cuando las verdades chocan, siempre hay dolor. Es parte de la vida. Y si de dolor se tratase, no se vio en mis padres al verme con el cabello rozando mis hombros, ni en la adolescente que inconcientemente engendré. La desavenencia se posó en mi corazón y se petrificó, formando una capa de palabras que invitaban a las preguntas, pero alejaban a las respuestas. Recuerdo que mi piel era blanca, muy blanca. Y mi ropa opaca, yuxtaponiéndose entre si y creando un lindo tono en conjunto. Mis labios estaban sutilmente abiertos. Los ojos eran oscuros y no buscaban observarme. Muchas veces intenté seguir con ese hecho ficticio y continuarlo, mostrando a mi ser posando sus ojos sobre los mios. Lo intentaba y fallaba. Una y otra vez, mientras las palabras se juntaban y conformaban un aglomerado de presuntuosa atención. Recuerdo que hace no mucho mi hermano insistió en que tome un poco de luz solar o me broncee; decía que estaba extremadamente pálida. Culpó al trabajo sedentario y a la preocupación, pero yo no culpé a eso puntualmente. Culpé a esa pequeña niña que imaginó y sin darse cuenta, hizo un punto definido en mi destino. Si todo se mantiene como está, mi cabello crecerá nuevamente y se detendrá en el momento exacto de mi encuentro con esa puerta de edificio. Me sentaré y miraré a las estrellas de mi consciencia, y todo estará increíblemente en orden. En medio del caos, las palabras comenzarán a caerse, debido a su propio peso. Se despegarán como la miel endurecida que son. Quien sabe, quizás hasta pueda sentirme bien por un momento. Estirarme a más no poder y sentir como fluye la sangre por mi circulación. Olvidaré por un segundo que existo y sumida por una larga exhalación, apretaré fuertemente mis ojos, estiraré mi pierna derecha y dejaré la otra flexionada y suspiraré de forma tan silenciosa, que el mundo será testigo de mi desamor por el. Si tan solo fuese fácil expresar lo sencillo que es todo a simple vista. En cierta parte, estaría bien. En la otra, no nos preocuparíamos por nada. En cualquiera de las dos, sería amargo para nuestros sentidos. Un amargo tan dulce como la verdad impuesta por la razón. Un deseo extinto, digamos por...quien se crea apto para extinguirlo. Lo lamento, pero siento que debo decir buenas noches a todos ustedes. Lo intentaba y fallaba. Oh, como la comprendo. A vos también te deseo lo mismo. Buenas noches.
lunes, 15 de septiembre de 2008
El conejo en la galera - 5 -
V
Gira. El afecto es algo de lo que no se puede despegar facilmente. Se pega al corazón metafórico como si fuese una espesa melasa y embadurna a la persona de recuerdos que nunca sucedieron y que si llegasen a suceder, no serían tan parecidos a la imagen inicial. Es afecto todo lo que siente mi piel, afecto no direccionado, pero orientado a una fuerza atrayente. Ojalá mis días fuesen así, sumergidos en una lluvia eterna y olvidadiza. Todo se vuelve más fino, se eleva lo atemporal volviendo a uno inmutable. El mensaje sigue manteniéndose claro dentro mio, como me sucedía en mis años de juventud. Se logra descifrar y semejante noción del entendimiento con lo que nos supera, nos atrae excitadamente. Era divertido taparse un ojo y aparentar que eso que veíamos era nuestra propia expresión bohemia venida de un desequilibrio que no nos interesaba reparar. Diferentes reglas auto-impuestas del mismo juego. Sin premios y sin paz. Es así como entiendo el afecto de la satisfacción del fluir terrenal. Una larga caminata bajo una hermosa luna llena. Retrocede y finaliza.
lunes, 8 de septiembre de 2008
El conejo en la galera - 4 -
IV
La absenta vuelve todo delicioso y al mismo tiempo, lo convierte en algo perturbador. Se transforma en el conductor de pensamientos que no florecieron y que lamentablemente no lograrán escapar de su cuerpo de semilla. El porvenir revelado, las creencias que se descubren al final como falsas al ser pasadas por la luz del tiempo, el alba kafkiano como fuente de inspiración terrenal, todo se mezcla y se deja oír al apoyar uno el oido en la pared del conocimiento. Se muestra sin tapujos, alta y sin una gota de maquillaje.
¿Qué nueva fuerza podría orientar mis pasos ahora? ¿Quién podría transformar las montañas en planicies? Se ven tan mal en el reflejo de la ventana.
Cierta vez conocí a un muchacho, un joven corpulento de mandíbula cuadrada y con barba de un par de días, que me saludó amistosamente en el metro, agradeciéndome por las monedas que deposité en su estuche de guitarra. Nadie supondría que aquel joven encantador se lo encontraría en las portadas de muchas revistas y en la cara externa de un edificio. Mantiene, todavía, esa sonrisa en su rostro y aquella chispa en sus ojos se mantiene centelleante. Rezo cada noche para que su despertar sea lento y lo menos doloroso posible.
No soy la única que deja pasar la futura grandeza por delante suyo. Es cosa de todos los días en la vida de cada persona. Eso me aterra. Quizás, hasta esta noche sea parte del pulimento de alguna estrella. Quizás estoy viendo pasar lentamente un instante de pesada gloria, una refutación temprana del devenir del cuerpo. Una de no tantas noches, un ocaso en el cual la única víctima sea yo. Debo prepararme para este acontecimiento. No espolvoreo mi nariz desde la mañana (sin contar el labial que probé antes del evento). Siento al dirigirme el vértigo de la creación, el fondo del cimiento del colapso adrenalínico. Soy, y parece ser que seré, un estandarte entre vaivenes.
martes, 2 de septiembre de 2008
El conejo en la galera - 3 -
III
Imaginen lo siguiente: Una noche. Una oscura noche sin humedad. Ni un efímero sonido en el ambiente. ¿En donde se escondían todas las fortificaciones ruidosas de la sociedad? Ni una sola pista. Bajo tomando mi vestido para no tropezarme, la puerta blanca se cierra y me despierta: Estoy a minutos de casarme.
Me encontraba en una burbuja alienante, en donde la más grande emoción era minúscula ante el impacto de completarme etéreamente hasta el fin de mi existencia. Es curioso: Era tan inmensa esa sensación que me invalidaba para sentir hasta lo más importante, como el amor a mi futuro esposo o el jolgorio de formar una familia. Podrían incluso haberme lastimado fisicamente y observar como el amilanamiento se había apoderado de mi ser.
No había nadie a la vista. Detrás mio oía al chofer regresar a la limosina para poder esperar aquellos largos minutos del casorio de la forma más cómoda posible. Luego saldría, pondría una sonrisa artificial en su rostro y nos haría entrar al lujoso vehículo. La iglesia, en esa oportunidad, parecía arcaica. Por un momento pensé que al pasar bajo el linde de la misma, vería algo completamente inesperado. No se, una fiesta de la alta nobleza o la celebración pagana por la conquista de un arquetípico ideal vencido. Las puertas estaban abiertas de par en par, mas las cortinas no dejaban seguir viendo el paisaje. Comienzo a dar mis primeros pasos hacía el altar en cuanto veo al camarógrafo salir y ubicarse a mi derecha y a mi padre venir en una corrida muy apropiada para su edad, solo para tomar mi mano y ponerla en su antebrazo. Noté al cameraman agacharse y dado que vestía de traje como cualquier de los invitados, su imagen me pareció muy inusual, rozando incluso lo bizarro.
Me encontraba en una burbuja alienante, en donde la más grande emoción era minúscula ante el impacto de completarme etéreamente hasta el fin de mi existencia. Es curioso: Era tan inmensa esa sensación que me invalidaba para sentir hasta lo más importante, como el amor a mi futuro esposo o el jolgorio de formar una familia. Podrían incluso haberme lastimado fisicamente y observar como el amilanamiento se había apoderado de mi ser.
No había nadie a la vista. Detrás mio oía al chofer regresar a la limosina para poder esperar aquellos largos minutos del casorio de la forma más cómoda posible. Luego saldría, pondría una sonrisa artificial en su rostro y nos haría entrar al lujoso vehículo. La iglesia, en esa oportunidad, parecía arcaica. Por un momento pensé que al pasar bajo el linde de la misma, vería algo completamente inesperado. No se, una fiesta de la alta nobleza o la celebración pagana por la conquista de un arquetípico ideal vencido. Las puertas estaban abiertas de par en par, mas las cortinas no dejaban seguir viendo el paisaje. Comienzo a dar mis primeros pasos hacía el altar en cuanto veo al camarógrafo salir y ubicarse a mi derecha y a mi padre venir en una corrida muy apropiada para su edad, solo para tomar mi mano y ponerla en su antebrazo. Noté al cameraman agacharse y dado que vestía de traje como cualquier de los invitados, su imagen me pareció muy inusual, rozando incluso lo bizarro.
Fue precisamente en ese instante cuando logré entender todo. No era eso lo que en verdad buscaba, esa celebración de una tradición bonita e innecesaria. Tampoco me interesaba hacer recuerdos en todos los presentes de esa manera. No me hacía feliz pensar en un futuro que se terminaba cruel, para comenzar otro lleno de tontos, pero bienintencionados argumentos. No vivía para eso, a pesar que la inercia me había llevado a tener a mi padre en mi izquierda, al chofer detrás y a la cámara a mi diestra que acababa de cruzar y que seguramente filmaba la cola del vestido. Mi interés reposaba en otra flor, siendo esta misma la más exótica y bella de todo el jardín. Se levantaba majestuosa entre los jazmines y los azahares, sonriéndome seductoramente. Recuperé mi identidad, mi rasgo único del ADN y todo gracias a una situación inusitada y poco elegante a los ojos. Recuerdo que pensé: "Dios, ¿Qué le podría haber diseñado para que él use a la hora de agacharse y filmar?". De ese pensamiento, de esa bastardización de la conciencia, salió la inspiración adrenalínica para mi primera colección exitosa. La primera de muchas, en realidad. Si, acepto. Acepto gustosa.
lunes, 25 de agosto de 2008
El conejo en la galera - 2 -
II
Han pasado ya unos cuantos minutos desde que el reloj marcó las doce. Hay calma en el aire; no total, pero las primeras reflexiones anuales indican que será un buen día. Quizás también una buena semana o un buen mes, o incluso un buen año. Es tan aterrador el hecho de saber como terminará todo. Puedo verlo, presentándose ante mi como si intentara confiarme un secreto, un deslíz que el sino mencionó en un instante de debilidad y de música fuerte y estruendosa.
No entiendo a esas personas que les molesta el hecho de creer en algo de lo cual no hay fundamento científico o simplemente carece de racionalidad. Despotrican contra la idea de un ser superior, del concepto de la fé y de tantas ideas por el estilo. No logro realmente comprenderlos. Al pasar el tiempo en la vida de uno, el rompecabezas de su alrededor comienza a tomar forma, a complementarse pieza por pieza. A medida que logran colocarse en su posición, el pensamiento que sobreabunda en el proceso, es la idea de poder ver la imagen final en nuestro lecho de muerte, o como a mi me gusta llamarlo, cambiar de diseñador. La triste realidad para aquellos sin cruces en sus espaldas, es lo falso de la sentencia anterior. Si tapamos la parte inferior de una sucesión de palabras, de todas formas podremos leer y entender la serie encripta. Con el enigmático rompecabezas pasa exactamente lo mismo. Se llega a vivir y a entender tanto, que aquel susurro confidencialmente culpable concuerda con lo que en el futuro será el total de las piezas juntas. Por eso puedo predecir, aunque con dolor en el corazón, los indicios de un buen día, de una buena semana, de un provechoso mes y de un año que encajará en otros días, semanas, meses y años de mi existencia.
Sin quererlo, otro secreto se me es revelado. Dudo en agradecer esta consideración, este visto bueno por parte de la Providencia, de tal forma que dudo también en quejarme. Por eso espero calmada, sin esperar sorpresas causales o fenómenos alucinantes bañados de oropeles. Aquel nuevo secreto es más bien un suspiro, el suspiro de una madre incapáz de retener en sus manos lo creado para estar encerrado en recuerdos. Lo que tiene que ocurrir, debe suceder, y a diferencia de aquellos embrigados con música fuerte y de caracter estruendoso, en un cuarto permisivo, a la par de un enorme engranaje que no titubea a la hora de confesarse, me permito bajar la mirada y refutar a todos los presentes. En el momento en que entren inevitablemente en silencio (el mundo en sí es un gran eco apagado), me otorgarán instintivamente la razón.
martes, 19 de agosto de 2008
El conejo en la galera
I
Es muy propio de mí. Año que termina y finalización que aprovecha la melancolía para obligarme a oír su sermón. Siempre es lo mismo. Desde que era una niñata adoradora de forma inconsciente de la juventud y sus vestigios, hasta ahora, sabiendo que esa etapa estrechó mi mano y se marchó hace largo tiempo ya, pudiendo enmudecer completamente al silencio con la dulce y etílica tristeza permanente.
Otro horizonte, otra lejanía sin poniente. Es diferente la visión de uno mismo cuando logra escapar de Babilonia. O eso pienso que hice. Les diré algo: No es tan difícil alcanzar sus sueños. Es más sencillo de lo que piensan. Los bombardean con mensajes erróneos diciéndoles que sufrirán, que llorarán sangre para poder divisar el final de su meta, colgado entre dos postes delgados y una cinta fácil de romper y traspasar. Si es parte de su destino en la existencia lo que realmente quieren, las puertas de la oportunidad se abrirán de par en par. Esperen y verán como tengo razón.
Ya hace bastante tiempo que cumplí mi objetivo referido a la vocación. Me gusta esa palabra: "Vocación". Suena inexplicablemente bien. Presenta una gran fuerza interna, que a la vez es liviana y su significado es fácil de digerir. En mi adolescencia, en el momento en el cual estaba a meses de finalizar la sentencia a mi condena (léase esto como secundaria), la busqué en el diccionario, ya que, en verdad, desconocía toda su esplendor. Sabía lo que todos sabían. Lo elemental. Mas, no tenía idea de lo que en verdad protegía detrás de su muralla de caracteres. Apareció definido (eliminando toda la porquería inútil que no habla de mi, sino de los hacedores de la lengua y su sentenciosa forma de reparar el conjunto de las cosas de origen seglar) como "Llamamiento interno". Es completamente bello. De una anterioridad ulterior al pasado (quiero creer), fui seleccionada para el plan mundial, ¡No! Para el magnánimo plan sideral, que me alza como diseñadora de vestimentas, que la Humanidad, ¡No! Que todas las criaturas del espacio poseedoras del sexto sentido de la moda están obligadas a usar. No es una orden mía, proveniente de mi orgullo como individuo con aire de superioridad. ¡La misma Creación me bendice con su toque de concepción materna para ser un instrumento de ella!
Ja, suena especial cuando se piensa de semejante forma singular. El hecho de verse como un eslabón divino de una estructura poco santa, me hace recordar a él. Era grandilocuente en relación a la construcción de sus muy estimadas palabras, aunque no lo reflejara en sus actos con el exterior. ¡Oh, no! Podía caerse el cielo, el mismísimo mundo y el tendría tiempo para pitar de su cigarrillo y decir algo que no nos produciría alivio, sino nos haría entender que el cataclismo es un fin en sí mismo, como lo somos cada uno de nosotros y lo seremos hasta colisionar con la verdad evidente y sospechosa de todos los tiempos. Muy propio de sus términos. Muy propio de él.
lunes, 18 de agosto de 2008
Nuevo proyecto
Me he puesto una nueva meta. Gracias a mi fuente personal de inspiración divina, me ha surgido una gran idea que debe ser contada y modelada por mis palabras. Se llamará "El conejo en la galera" y contará como alguien que alcanzó sus objetivos en la vida, se debate internamente tras dar una mirada febril al paraíso en donde vive, dejándose llevar por los recuerdos y la nostalgia de cierta persona en especial. ¿Qué hubiera sido si hubiese encaminado sus pasos a seguir en torno a él? ¿Hubiera sido completamente diferente? ¿Habría alcanzado plenamente la felicidad o es solo la melancolía que interfiere en sus pensamientos? Todas estas preguntas y otras, son el punto álgido para el debate intrínseco de una diseñadora que vive en New York y se encuentra festejando sola el año nuevo.
Cada lunes expondré en este blog, lo referido a una hoja escrita de mi cuaderno. A veces será más, y a veces será exactamente lo necesario para el entendimiento. Comenzaré mañana mismo e intentaré respetarlos a ustedes como lectores y ser más que puntual.
Au`revoir.
Cada lunes expondré en este blog, lo referido a una hoja escrita de mi cuaderno. A veces será más, y a veces será exactamente lo necesario para el entendimiento. Comenzaré mañana mismo e intentaré respetarlos a ustedes como lectores y ser más que puntual.
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