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martes, 4 de enero de 2011

Depreshow

Tengo tanta suerte que pierdo
es así la vida, un juego
donde el agua es amarga
y el cabello es largo,
la depresión viene sentada
en un caballo blanco.

Depreshow, un show hecho con formol.

Entre todos los muertos
el más vivo soy yo
¿Ante quién puedo apelar
el destino de un Dios?
cuando la cuerda se corta
y no puedo hallar al dolor.

Depreshow, un show hecho con formol.


lunes, 3 de enero de 2011

El gran búho

El chico que estaba se volvió neutral
comenzó diciendo frases cursis
acerca del amor y le leche en la cocaína
de la mosca que vuelva cerca del fuego.

Después se agitó y explotó
y le salía rabia a borbotones,
se mezcló con los alimentos
para poder hacer su último daño.

Al regreso del funeral la pasamos bien
los monos siguen trepados de los árboles
los pájaros chillan de dolor en el cielo.

Entonces el chico vio unos ojos penetrantes
pensó que era culpa de tomar muchos calmantes,
esos ojos se agrandaron y él pudo ver
al gran búho que merodeaba y decía:

"¿Quién te dijo que no quiero
tu exquisito cabello
de italiano spaghetti salado
mezclado con gusanos?"


Encontré escritos míos, la mayoría poesía que hice hace muchos años, como unos cinco o más. Voy a pasarlos y llamarlos "Escritura juvenil", hasta que piense un mejor nombre para la definición de mi pasado.

domingo, 13 de septiembre de 2009

Santería

Hace veinte años acudió hacía mi una joven muy bonita, con un cabello castaño oscuro bastante largo y unos ojos más oscuros que la luz respladeciente de la Luna. Vino y me dijo que no quería seguir con su novio, que haga algo al respecto, lo que fuese para que la aleje de él. Le dije que podía ayudarla a que él la deje y que en menos de un mes estaría fuera de su vida. Recuerdo que bajó la mirada y la perdió en su lado izquierdo. Había una tristeza en sus huidizos, pero activos ojos. Intuí que no le conformaba mi solución. Me dijo que quería algo más fuerte, algo que lo destruya, que sus caminos no se crucen nunca, nunca en esta vida. Percibí que era tanta la calamidad de su petición que el primario deseo parecía más bien una contraseña, una llave cómplice que pudiera permitir entrar hacía algo más ulterior, algo más confabulado entre ella y yo. Al decirle que no era lo que comunmente hago, que no estaba dentro de mi terreno (sabés bien lo que pienso de esa clase de daño con todo lo que eso implica; la visita de los demonios de la muerte y de lágrimas de sangre, los tres dedos que te acusan y el que señala al cielo. Todos esos castigos de la reina de la noche y el boomerang kármico de "no hagas lo que no querés que te hagan"); como te decía, al decírselo me miró con ojos de decepción, muy triste. Me hizo acordar a la noche y a todos los riesgos que eso trae.

Escrito viejo. Tengo que hacerlo historieta. Debo hacerlo historieta.