Sus párpados se abren. El gato está acostado en el otro extremo del sofá. Dormita. Él se incorpora apoyando la planta de los pies en el suelo. Toce. Mira la palma de su mano izquierda y ve sangre. También ve un leve temblor en la misma. Observa la otra palma de la mano derecha notando otro temblor, pero uno más rápido en comparación.e
Se desplaza dando tumbos hasta el baño. Destraba la puerta-espejo del botiquín y saca un frasco de forma cilíndrica, de color naranja y tapa a presión blanca. Lo destapa. Con dos golpes, salen tres gagreas. Lo tapa nuevamente. Devuelve el envase.
Cae agua proveniente del tubo largo y metálico de la pileta de la cocina. Un sonido agudo y punzante se escucha de la caída del líquido. Un vaso de vidrio se llena hasta la mitad de su capacidad. Esteban tira las pastillas hacía su garganta y bebe del recipiente, vaciándolo.
Su mascota viene hacía él y se frota en su pantorilla. Comienza a ronronear. El amo del gato se acerca a la alacena. Abre una gaveta grande y blanca. El animal lo sigue en el transcurso del recorrido, teniendo el rabo levantado de forma recta y vertical. El sonido de el movimiento de un paquete hecho con plástico, hace que se frote nevamente. Su ronroneo es más notorio. Se detiene un par de segundos. Su respiración se vuelve agitada. Jadea buscando recuperar el aliento.
Ellos caminan hasta el plato hondo y amarillo en donde se coloca el alimento del felino. Esteban se agacha y llena el recipiente. La cantidad no completa la mitad del mismo. El gato comienza a comer. Las croquetas se quiebran con fuerza al ser aplastadas por la dentadura del animal. Él toce, luego cae estrepitosamente al suelo, desmayado.
Voltea la cabeza para ver a su dueño. Continúa alimentándose.
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sábado, 12 de septiembre de 2009
sábado, 22 de agosto de 2009
¿Cómo ser el mismo de antes de la tragedia? VII
Sus párpados se cierran. Gira su cuerpo hacía la derecha, flexionando levemente las rodillas. Oye su respiración hasta que se duerme.
En una habitación vacía con paredes muy blancas, el viento sacude unas cortinas cortas. Es una habitación completamente borrosa a nivel visual. Una mujer con falda y peinado recogido, también borrosa, se acerca a la ventana. Las cortinas dejan de ser movidas. Otra persona de aspecto impreciso, un hombre de camisa y boina negra, se le aproxima sin ser percibido por ella. La joven reacciona bruscamente, mira de nuevo para afuera y luego lo abraza. Permanece con su cabeza en el torso de él por un instante. Levanta el rostro y lo besa en los labios.
En el exterior de una casa, en un jardín iluminado por la luz del Sol, la mujer con falda, peinado recogido y blusa blanca, sale de la puerta de la misma. Camina por el sendero de cemento hasta toparse con dos personas de mediana edad, cada uno de diferente género. A diferencia de la chica, ellos no tienen rostro. Hay un vacio de facciones, una cobertura de piel. Ella les sonríe, dándole la mano al señor. De la entrada de la casa, sale el hombre de camisa blanca, boina negra y jersey de semejante color que el sombrero. Se desplaza rápido hacía los sujetos sin cara. Saluda con un beso en la mejilla al señor.
En la otra esquina de la habitación borrosa, hay una mesa con dos sillas de materiales similares. Están nítidas, en oposición a los jóvenes sentados en ellas.
En una habitación vacía con paredes muy blancas, el viento sacude unas cortinas cortas. Es una habitación completamente borrosa a nivel visual. Una mujer con falda y peinado recogido, también borrosa, se acerca a la ventana. Las cortinas dejan de ser movidas. Otra persona de aspecto impreciso, un hombre de camisa y boina negra, se le aproxima sin ser percibido por ella. La joven reacciona bruscamente, mira de nuevo para afuera y luego lo abraza. Permanece con su cabeza en el torso de él por un instante. Levanta el rostro y lo besa en los labios.
En el exterior de una casa, en un jardín iluminado por la luz del Sol, la mujer con falda, peinado recogido y blusa blanca, sale de la puerta de la misma. Camina por el sendero de cemento hasta toparse con dos personas de mediana edad, cada uno de diferente género. A diferencia de la chica, ellos no tienen rostro. Hay un vacio de facciones, una cobertura de piel. Ella les sonríe, dándole la mano al señor. De la entrada de la casa, sale el hombre de camisa blanca, boina negra y jersey de semejante color que el sombrero. Se desplaza rápido hacía los sujetos sin cara. Saluda con un beso en la mejilla al señor.
En la otra esquina de la habitación borrosa, hay una mesa con dos sillas de materiales similares. Están nítidas, en oposición a los jóvenes sentados en ellas.
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¿Cómo ser el mismo de antes de la tragedia?
sábado, 1 de agosto de 2009
¿Cómo aparentar ser el mismo de antes de la tragedia? Parte VI
Abre el botiquín de frascos variados de colores y formas. La mayoría tiene gastada la rosca. Gira uno de ellos, bebiendo su contenido verde. Pasa por la puerta del baño; sale del linde del dormitorio y se sienta en el sofá. Los almohadones crujen. Esteban se acuesta, pone los pies en el borde fino de madera y coloca por encima de la otra saliente, su cabeza. Los ojos oscuros miran la pared blanca. El borde de un cuadro pequeño aparece en su mirada.
Saca un libro de fotografías, oculto debajo del sofá, de lomo negro y tapas gastadas. La primera de las hojas contiene una foto en blanco y negro. Un bebé regordete con ropa de una pieza holgada, monta un burro, quien usa un cobertor de colores autóctonos de la zona norte de la región, en su lomo. El brazo derecho de un persona mantiene al niño muy pequeño quieto. Un sol opaco delimita las sombras. La criatura humana tiene un babero imperceptible a simple vista, una sonrisa y unos pelillos sin fuerzas en su frente. Corre entre sus dedos pulgar e índice la página áspera, obteniéndose la carilla interna de la misma y la externa de la siguiente. En la primera, una fotografía de colores opacos, ocupa practicamente toda la extensión disponible. Un hombre cuarentón de abundante cabello negro, alza a un infante de dos años de edad. Estos visten de azul claro y llevan una camisa blanca y una beige, respectivamente. Una fuerte luz blanca ilumina sus rostros. Hay un gesto de alegría en el señor y una mueca de confusión en el último, quien no enfoca las pupilas en el lente de la cámara.
Saca un libro de fotografías, oculto debajo del sofá, de lomo negro y tapas gastadas. La primera de las hojas contiene una foto en blanco y negro. Un bebé regordete con ropa de una pieza holgada, monta un burro, quien usa un cobertor de colores autóctonos de la zona norte de la región, en su lomo. El brazo derecho de un persona mantiene al niño muy pequeño quieto. Un sol opaco delimita las sombras. La criatura humana tiene un babero imperceptible a simple vista, una sonrisa y unos pelillos sin fuerzas en su frente. Corre entre sus dedos pulgar e índice la página áspera, obteniéndose la carilla interna de la misma y la externa de la siguiente. En la primera, una fotografía de colores opacos, ocupa practicamente toda la extensión disponible. Un hombre cuarentón de abundante cabello negro, alza a un infante de dos años de edad. Estos visten de azul claro y llevan una camisa blanca y una beige, respectivamente. Una fuerte luz blanca ilumina sus rostros. Hay un gesto de alegría en el señor y una mueca de confusión en el último, quien no enfoca las pupilas en el lente de la cámara.
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¿Cómo ser el mismo de antes de la tragedia?
domingo, 19 de julio de 2009
¿Cómo aparentar ser el mismo de antes de la tragedia? Parte V
(...)
La semana que viene iré de nuevo. La semana siguiente a esa haré lo mismo con la anterior, y lo seguiré haciendo hasta que sienta la necesidad de olvidarme otra vez de todo aquello.
No recuerdo a ciencia cierta cual fue el primer detonante que me impulsó a dejar mis creencias. Quizás fue la falta de un resultado verdadero en mi vida. Claramente no comparto con los mismos hábitos con los otros miembros del grupo. Eso mucho no me importaba como tampoco me importaba aparentar una realidad que no era mía, y me sigue sin importar. Es sólo sonreír y vaciar los ojos. Cualquiera puede hacerlo.
Te escribiré ni bien tenga algo relevante que decirte y espero tener realmente otros asuntos más atrayentes para contarte. El desahogo escrito de un pobre joven no es lo más divertido para leer. Conociéndote, se que tendrás una opinión diferente a la mía. ¡Hasta casi puedo sentirla moviendo mi bolígrafo! Dirás que mi desencanto con el mundo es más interesante que cualquier novela dispuesta a ser leída. También dirás, en un párrafo extenso, que preferís esperar algo parecido a lo que estoy haciendo ahora que un silencio sostenido por la lejanía que compartimos. Te reirás de mi uso anticuado, tan "de la vieja escuela", de expresarme hacía vos que me harás soltar alguna que otra carcajada para mis adentros. Después te preocuparás y no me lo dirás.
A lo largo de nuestro conocimiento mutuo, he aprendido a valorar esas intenciones ocultas de afecto. Antes me parecían molestas y propias del aburrimiento. Hoy en día se que no es así y en un futuro espero sentir la misma sensación para todo aquel que me rodea.
Por último diré que volver a esta ciudad me hizo pensar mucho. Cada pequeño eslabón de movimiento, cada naturaleza rodeada de artificialidad, cada inconsciente función de cada persona que cruza, dobla o se detiene, me permite recordar aquel viejo detalle fundado de niño, que aspiraba al viento de la tarde convertida en noche y exhalaba un aliento citadino armónico, regocijante y justo. Me encantaríamos que pudieras entenderlo. Sería grandioso haberte tenido a mi lado en todo recuerdo significativo y evocativo. Sin duda, lo que nos limita, nos puede hacer entender a su modo estas viejas cuestiones que a cada rato nos hace sentir desprovistos de algo, que no sabemos muy bien que es, mas lo requerimos para seguir viviendo.
Tu y yo, sinceramente,
Esteban.
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¿Cómo ser el mismo de antes de la tragedia?
domingo, 12 de julio de 2009
¿Cómo aparentar ser el mismo de antes de la tragedia? Parte IV
(...)
Me empeñaba a seguir con el ideal, Verónica. Me hervía el rostro a causa de los nervios. El día empezaba a oscurecer, como tanta otras veces hizo en el pasado. Es muy curioso como la alegría le cuesta mantener la frescura de su juventud. Puedo decirte que no era pesar lo que encendía de forma completa mi espíritu. Sentía una pequeña, diminuta, microscópica célula revolucionaria. Me habían dicho que duraría para siempre, pero en su momento no les creí. ¿Cambiar era lo que realmente necesitaba? Mis pasos estaban a pisadas de volver.
El porque del regreso no es claro ni para mí, Verónica. Todavía no pude convencerme como para intentar hacer lo mismo con vos. Se que volví, obligado por un deseo curioso, una iniciativa incoherente propagadora de un accionar que en el futuro traerá problemas. Ni siquiera las nubes querían ser mi compañía aquella noche. Lo notaba en sus reflejos rojizos.
El comienzo no estuvo tan mal. Me reconocieron en seguida y no bromearon de mi ausencia, como suelen hacer con los caídos en busca de una nueva justificación. Me preguntaron si mi acercamiento se parecía más a una visita de esas propensas a perderse en la memoría, o era, en realidad, un retorno a lo que ellos llamaron "nido". Entiendo porque usaron esa palabra. Me cobijaron en su momento bajo sus ideales y en ese conjunto de celdillas, vieron gestarse a todo un hombre considerado prometedor (ellos no saben en lo que me convertí) que estaba a un paso de la gracia. No les respondí a su pregunta. Sólo atiné a sonreirles y a sentarme, preparado para oír sus discursos cíclicos y simples. Recuerdo no haber abierto la boca en todo el tiempo que duró. Sólo fingía una sonrisa. Era lo único que podía hacer.
En un momento se me acercó uno de ellos, uno de alto rango. Me saludó y me llamó por mi nombre. Palmeó mi espalda también. Las cosas que habrán pasado por su cabeza al verme. No quiero ni siquiera pensar en eso. Escuché atentamente, me levanté cuando todos se levantaron, subí las escaleras cuando era oportuno hacerlo y regresé a casa, decidido a escribirte.
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¿Cómo ser el mismo de antes de la tragedia?
domingo, 28 de junio de 2009
¿Cómo aparentar ser el mismo de antes de la tragedia? Parte III
3 de julio de 2001
Estimada Verónica:
Ya no es claro lo que siento. Me cuesta entender el valor de la gente en este lugar. Su forma de hablar, sus pensamientos, sus convicciones frente a la vida, sus intereses, su apatía por todo lo que ellos ignoran. Me es difícil entender sus palabras de la misma forma como la entendía años atrás.
La escena se repite. La sordera propia frente a sus puntos de vistas logra mantenerse. El enmudecimiento nato en cuestiones poco terrenales pudo mantener su fe. Las limitadas lastimaduras, lo oscuro de las manchas, la repetición de mi nombre, el sobresalto de pasiones tiernas y quitadoras del aliento; cada pequeño detalle se mantuvo. Hasta el candor del encierro en mis reflexiones. ¿Por qué sufría cómo si hubiera perdido algo importante a lo largo de este trayecto de bajada? Mi muy querida Verónica, espero que tus pasos no se parezcan a los míos momentos antes de entrar a ese lugar. Que tu respiración, tu paz mental, tus finos labios no se alteren a tal punto de turbar tu espíritu y perder el efecto de tranquilidad que me causa tu lejania.
domingo, 21 de junio de 2009
¿Cómo aparentar ser el mismo de antes de la tragedia? Parte II
Saca el capuchón azul de la biromen de tinta negra. Lo inserta en el extremo liso de la misma, haciendo un diminuto sonido tras encajarse estas. En el escritorio hay un cajón rectangular. Tiene una manija metalizada moldeada de forma artística. Al tirar de ella, un chillido proveniente de la fricción de la madera vieja se deja oír. Hay hojas blancas de carta en su interior. La cantidad es poca, quizás de una docena, pero el tamaño permite ocupar casi todo el cajón. Con delicadeza, levanta la punta inferior izquierda de la primera de la pila con el dedo índice y el pulgar. La acomoda sobre el mueble. Cierra el compartimiento, produciéndose un mayor alarido al cerrarse y al soltar la manija, la birome ubicada en la derecha de la hoja, es tomada por su mano. Toma una silla de la mesa del centro y se sienta frente al escritorio.
El gato salta a su regazo. Huele su chaqueta marrón, comenzando por la zona baja del torso, siguiendo por el antebrazo izquierdo, el rostro afeitado de Esteban quien lo acerca recibiendo una áspera lamida, el pecho movido por las contracciones torácicas, retoma el abdomen y finaliza en el muslo derecho. Salta nuevamente, aunque esta vez en dirección al piso de parquet. Encamina sus cuatro patas a la cocina; ahí es donde su amo deja sus platos blancos de comida y agua. El masticar de las croquetas lo distraen de sus neblinas mentales por un largo instante.
El gato salta a su regazo. Huele su chaqueta marrón, comenzando por la zona baja del torso, siguiendo por el antebrazo izquierdo, el rostro afeitado de Esteban quien lo acerca recibiendo una áspera lamida, el pecho movido por las contracciones torácicas, retoma el abdomen y finaliza en el muslo derecho. Salta nuevamente, aunque esta vez en dirección al piso de parquet. Encamina sus cuatro patas a la cocina; ahí es donde su amo deja sus platos blancos de comida y agua. El masticar de las croquetas lo distraen de sus neblinas mentales por un largo instante.
sábado, 13 de junio de 2009
¿Cómo aparentar ser el mismo de antes de la tragedia? Parte I
La cerradura de la puerta se impone ruidosa en el ambiente, debido a la llave gastada de Esteban. Se abre y de lo bajo de la misma, se asoma una figura felina. Él lo reprende conociendo sus intenciones de querer salir al pasillo, enciende la luz y empujándolo suavemente con su zapato derecho. Cierra la puerta con cuidado, de forma sigilosa. La madera liviana y pintada de blanco resuena al juntarse con el linde. Su hogar es modesto. La luz encendida de la entrada, que es de poca intensidad, apenas disipa las sombras. Hay una ventana a lo lejos, cubierta casi por completo por la persiana. La poca luz natural entrante sólo permite distinguir a la cortina blanca y traslúcida, y a un mueble semejante a un escritorio. El interruptor presionado es regresado a un estado inicial, volviendo a la integridad habitual. Camina a una mesa redonda de vidrio con patas curvas y negras. Ésta se ubica en el centro del lugar, en un perfecto equilibrio entre mitades. Apoya su bolso negro de mala calidad, con uno de los dos cierres roto. Deja su boina sobre el bolso, limpiando el polvo del revestimiento.
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